¿Una palabra que resuma esta historia?
Pues sí que me pides cosas
difíciles. Ya sabes lo bien que dosifico mi espíritu de síntesis. Yo soy
más de caminar por las ramas, agitar las hojas, abrir tantas puertas
que no las pueda cruzar, dibujarte la sombra de cada flor que me saluda.
O que saludo. Compartir olores y colores contigo. Y palabras. ¿Para qué
disimular? Si ya sabes que de todas las cosas que me gustan muchísimo,
que son unas cuantas, las palabras siempre salen las primeras. Y las
últimas. Porque están siempre y porque me gusta jugar con ellas. Y
contigo. Porque hay pocas cosas que me gusten más que jugar con ellas y
contigo. ¡Ah! ¡Te ríes, truhán! Truhán de los que se escriben con tilde,
claro.
¿Una palabra? Pues no será vértigo, ni miedo, ni caricia, ni
locura, ni mirada, ni risa, ni tierno, ni duda, ni gracias, ni botella,
ni arena, ni sí, ni no, ni momento, ni sorpresa, ni amapola, ni
sombrero, ni como, ni espalda, ni ¡viva!, ni mar, ni libros, ni secreto,
ni cartas, ni riesgo, ni prisa, ni beso, ni calma, ni cómplice, ni
paseo, ni puertas, ni fotos, ni barcos piratas, que ya sé que son dos,
pero si lo dices rápido y lo piensas con ganas, en realidad es una
sola... Ni siquiera historias. No. No es ninguna de ellas porque todas
estarían en una lista completa no abreviada. Pero solas no llegan. ¿Una
palabra? Está claro. La palabra que te piensa y me llevaré cuando me
vaya tiene que ser cosquillas.

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