domingo, 27 de outubro de 2013

A vuela pluma

¿Una palabra que resuma esta historia? 
Pues sí que me pides cosas difíciles. Ya sabes lo bien que dosifico mi espíritu de síntesis. Yo soy más de caminar por las ramas, agitar las hojas, abrir tantas puertas que no las pueda cruzar, dibujarte la sombra de cada flor que me saluda. O que saludo. Compartir olores y colores contigo. Y palabras. ¿Para qué disimular? Si ya sabes que de todas las cosas que me gustan muchísimo, que son unas cuantas, las palabras siempre salen las primeras. Y las últimas. Porque están siempre y porque me gusta jugar con ellas. Y contigo. Porque hay pocas cosas que me gusten más que jugar con ellas y contigo. ¡Ah! ¡Te ríes, truhán! Truhán de los que se escriben con tilde, claro. 
¿Una palabra? Pues no será vértigo, ni miedo, ni caricia, ni locura, ni mirada, ni risa, ni tierno, ni duda, ni gracias, ni botella, ni arena, ni sí, ni no, ni momento, ni sorpresa, ni amapola, ni sombrero, ni como, ni espalda, ni ¡viva!, ni mar, ni libros, ni secreto, ni cartas, ni riesgo, ni prisa, ni beso, ni calma, ni cómplice, ni paseo, ni puertas, ni fotos, ni barcos piratas, que ya sé que son dos, pero si lo dices rápido y lo piensas con ganas, en realidad es una sola... Ni siquiera historias. No. No es ninguna de ellas porque todas estarían en una lista completa no abreviada. Pero solas no llegan. ¿Una palabra? Está claro. La palabra que te piensa y me llevaré cuando me vaya tiene que ser cosquillas. 





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